La herida silenciosa de un aborto voluntario

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El aborto voluntario es la gran herida silenciosa de miles de mujeres en España y otros países. Sólo en España, cada año se dan más de 100.000 abortos en clínicas reguladas y es sorprendente el escaso acompañamiento psicológico que se ofrece a las mujeres que decidimos pasar por esta difícil experiencia.

En mi caso tuve la suerte de ser terapeuta y aún y así me costó más de 4 años empezar a sentir algo de alivio después de tomar esa decisión. Nadie te prepara para lo que viene después de decir “no” a un ser que viene a crecer dentro de ti. Dan igual las razones y las circunstancias, la culpa, el juicio y el remordimiento de conciencia son algunas de las consecuencias con las que hay que lidiar.

En mi caso, el primer año después de mi aborto no podía estar cerca de madres y niños o bebés en el metro o el tren, era demasiado doloroso mirar esas caritas y pensar que yo había dicho que no a un hijo. Me juzgaba a mí misma de inmadura, de irresponsable, me decía que la vida me iba a castigar no pudiendo tener hijos nunca jamás (porque yo ya no iba a merecer ser madre después de algo así). La carga emocional después de un aborto es muy difícil de llevar una sola.

Una herida silenciosa…

En las sesiones grupales para sanar un aborto que he acompañado, la mayoría de mujeres confesaban haber llevado esta herida en silencio, sólo compartida con alguna otra amiga que había pasado por lo mismo. Todas coincidían en que se sentían culpables, incluso aquellas que habían sufrido un aborto natural, este hecho me sorprendió fuertemente, ya que yo venía de un aborto voluntario y no comprendía qué mecanismo podía hacer que una mujer que abortaba de forma natural pudiera sentirse responsable de algo.

En una ocasión, asistí a dos mujeres de más de 50 años cada una que arrastraban desde los 20 años sendos abortos, un primer amor demasiado joven y un marido que no estaba preparado para ser papá. Una sobrevivió a un cáncer de mama que le costó un pecho, y la otra conseguía sobrevivir sin su útero. Aunque los estudios científicos no terminan de ponerse de acuerdo en si hay relación o no directa entre un aborto y el cáncer en la mujer, sí se ha demostrado en numerosos estudios que un gran número de mujeres que han sufrido un aborto, más tarde han desarrollado un cáncer. Estos estudios no tienen en cuenta el estado emocional de la mujer, es decir, sólo se apoyan en datos estadísticos y el hecho de que no todas las mujeres que abortan sufran un cáncer, hace que no se inclinen por la versión que apoyaría esta conclusión. Bajo mi punto de vista personal, lo emocional tiene un fuerte peso en decantar la balanza, de ahí la necesidad de acompañarse, sobretodo cuando hay vergüenza o culpa.